“No soy maestra, pero todos tenemos derecho a una educación”, dice Cielo, quien da clases a niños desplazados

“No soy maestra, pero todos tenemos derecho a una educación”, dice Cielo, quien da clases a niños desplazados

Oaxaca.- Es meticulosa y tiene una voz dulce. Cielo Alvarado Bautista es artesana mixteca y desde hace seis meses imparte clases de lectura y redacción en el albergue de Tlaxiaco, donde viven niñas y niños desplazados por la violencia de su comunidad en Ndoyonuyuji  Atatlahuca.

“No soy maestra, pero todos tenemos derecho a una educación digna”, dice la mujer de 38 años y madre de dos hijos, quien todos los días con la paciencia que la caracteriza les enseña a leer y escribir.

El 27 de octubre del 2021, 67 personas personas desplazadas, 20 familias en total, llegaron a este refugio en busca de ayuda, porque les quemaron sus casas por defender un bosque, y desde entonces viven con el sueño de algún día regresar y recuperar la vida que abandonaron a la fuerza.

Cielo es mixteca y nació en Atatlahuca, pero desde hace muchos años vive en Tlaxiaco, al ver que pasaban los días y las semanas y todo era incierto organizó materiales didácticos e impartió clases.

“Se pensó en comida, pero en educación nadie se preocupó”, afirma Cielo al puntualizar que las niñas y niños tienen el derecho a recibir educación sin importar las condiciones de vida.

“Entiendo que está la pandemia y que eso complica más las cosas, pero estos niñas y niños no pueden vivir más rezagados de lo que están”, y recalcó que de por sí estos infantes viven con una brecha digital, al no contar con un celular o computadora.

Con sus cartulinas, hojas de colores y todo material didáctico, Cielo llega al refugio. Los estudiantes la esperan y le dicen “maestra” o “tía”.

Las clases duran 3 horas, de 11:00 de la mañana a 14:00 horas, en ese lapso les enseña las vocales, el abecedario, los colores, palabras y también les cuenta cuentos, como una forma de desarrollar sus emociones.

Las secuelas son notorias, recalca la artesana, al puntualizar que las niñas y niños viven con muchas emociones de todo lo que han vivido.

Hablan de la quema de sus casas, de su desplazamiento, de la forma en que huyeron, ellos tienen guardado todo eso, y esa otra parte, la emocional, nadie ha atendido y urge.

Acompañada de sus dos hijos que también acuden a estas clases, lamenta la falta de atención de las autoridades, quienes no han hecho lo necesario para garantizarles un retorno seguro y un modo de vida que respete todos sus derechos, incluyendo la educación.

Además de impartir clases, por las tardes comparte técnicas de bordado a mujeres desplazadas para que tengan un ingreso ante la falta de oportunidades de empleo.

  

Llevamos 7 meses sin Irma Galindo 

Hace 7 meses, al mismo tiempo que ocurrió el desplazamiento de las familias mixtecas, la guardabosques Irma Galindo también desapareció, ella es originaria de Atatlahuca y durante dos años se refugió en el bosque para sobrevivir.

“Agua es mi sangre, viento es mi aliento, tierra es mi cuerpo y fuego es mi alma”, es la canción que Irma le enseñó a los hijos de Cielo y que comparte antes de concluir su clase con las niñas y niños desplazados, para que continúen amando y defendiendo su bosque.

 “Irma era noble, defensora del bosque, por el cual estos menores viven desplazados, ella debe aparecer con bien, era una hermana para mí, desapareció hace 7 meses también y desde entonces no sabemos nada”.

Las personas desplazadas junto con las niñas y niños reciben el acompañamiento legal del Centro de Derechos Humanos y Asesoría a Pueblos Indígenas (Cedaphi), que dirige Maurilio Santiago y quien reafirma que desafortunadamente las autoridades no han actuado cuando una persona desaparece.


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